Con esos “compatriotas” para qué quiero enemigos.

 

 

Valentín Albarrán Ulloa.

El Chino, Andorra #1

 29 junio 2005

 

 

Dedico estas líneas a una especie de juego cabalístico que me acompaña desde pequeño como una suerte de oráculo pero al revés, o sea, decir y pensar las cosas malas para que no sucedan.

 

Ayer por fin cayó un equipo mexicano, talvez el más mexicano de todos ante la magia brasileña. Y digo el más mexicano con un cierto sinsabor, ya que el hecho de ser el que cuenta con el cincuenta por ciento más uno del total de los aficionados aztecas y con una plantilla cien por ciento nacida y formada en el territorio nacional no parecen suficientes razones para que los directivos del fútbol mexicano lo respeten.

 

Pese a su estupendo trabajo con las fuerzas básicas, las Chivas no pudieron sostener el paso digno del rebaño sagrado que venían sosteniendo. Y no pudieron por varias razones:

 

Uno entiende (aunque no justifica) que los directivos del Fútbol Sudamericano se valgan de tretas y recursos legaloides para mermar la capacidad futbolística de los equipos mexicanos, sobretodo si éstos siguen demostrando, como lo han hecho desde la primera invitación, que pueden pelear y ganarle a los mejores equipos de nuestro continente. Pero aunque nos parezca comprensible que ahora sea el “Bofo” el que pague los corazones conosureños rotos, su ausencia sin duda debilitó la mística chiva.

 

Lo que sí resulta completamente inadmisible y absurdo es que los propios directivos mexicanos no protejan la integridad de un equipo que está poniendo en alto el más nuestro de nuestro balompié. Por qué permitir la convocatoria de tantos jugadores rojiblancos a la Selección. No conformes con haber convocado ya a Osvaldo Sánchez, ahora hay que llamar a Corona, que si bien no es propiamente de Chivas, estaba resultando su mejor refuerzo, y dejar el arco tapatío bajo el resguardo de un guardameta talentoso pero lesionado como Talavera. Qué no ya contaban con Moisés Muñoz. En todo caso podrían haber llamado al campeón Paco Memo (o qué, tampoco quiso), es más, a Corona ni lo van a alinear. Qué no está Jaime Lozano para suplir a Ramoncito. Qué no hay tantos y tanto centrales aguerridos como Beltrán, por mencionar alguno, que podrían suplir a Salcido. Y Arriba, El “gansito”, Cuauhtemoc o el propio Eduardo Lilingston eran buenas opciones en lugar del Venado y de Bravo (pero no, hay que dejar descansar a la dupla letal americanista o concentrarlos para otros eventos menos importantes) y quién dejó descansar a Chivas en todo el torneo? Porqué ahora Lavolpe no mostró tal vehemencia por nacionalizar a un jugador brasileño o argentino como lo hizo con Zinha. Qué pasó con Caballero. El Guille es ahora candidato. Son los tiempos de la globalización y nadie lo hubiera visto con malos ojos, es más, ahora le llaman a Lavolpe el Ché Guevara del futbol por aquello de acabar con las nacionalidades latinoamericanas, pero no se vale mermar tan alevosamente a un equipo, eso se llama aquí, en Argentina y también en Alemania, Boicot.

 

Yo se que es un honor ser seleccionado nacional, pero en rigor las Chivas Rayadas también es una selección nacional que pocas veces tiene la oportunidad de mostrarse a nivel internacional. Contra el Atletico Paranense, salvo por Palencia y Alfaro parecían la selección Sub-20, en lugar de rayadas más bien se trataba de la Chivas Erizas  y así no se le puede ganar a un equipo cuyo país produce jugadores por racimos y cuyos directivos se subordinan a los intereses de los clubes. Ya parece que van a obligar a Ronaldo o a Roberto Carlos a jugar con su selección si el Real Madrid tiene que jugar la Champions. Ya perece que la AFA obligaría a jugar a Crespo, D’Alessandro o al propio Riquelme con la albiceleste si sus respectivos equipos tiene compromisos importantes.

 

Con todo y todo está claro que si el Atlético Paranaense pasa, no serán las Chivas quienes hayan perdido, al menos no limpiamente, pero si las Chivas hacen el milagro, no será ni a Lavolpe con sus puntadas, ni a la FMF con sus incompetencias, ni a la FIFA con sus permisos extemporáneos a quienes haya que agradecerles.

 

Siguiendo con mi cábala, pudiendo cerrar un capítulo épico y memorable para nuestro fútbol como campeones de la Confederaciones y de la Libertadores, mucho me temo que el cuarto lugar será lo máximo que logremos en ambas justas. Seguimos siendo el ya merito, pero está vez no fueron ganas ni suerte, sino apoyo logístico y personalidad directiva lo que nos faltó. Una vez más lo urgente por encima de lo importante.