Compromiso

Por Enrique López Rull

Existen dos tipos de futbolistas: con los que se puede ir a cualquier parte y con los que no se puede ir a ningún lado. Esta condición, más allá de las cualidades técnicas, está dada por el nivel de compromiso de cada jugador; compromiso en todos los sentidos: con el equipo, con uno mismo y con la profesión. Existen valores que van mucho más allá de la calidad futbolística individual y cualquier equipo que se precie de serlo debe tener muy bien definidos los suyos. El fútbol sirve como un espejo donde se reflejan las personalidades y lo que cada uno considera importante. Cuando las prioridades están bien definidas entre los jugadores de un equipo se nota. Y se nota más cuando no es así.

Con el ir y venir de técnicos, es común caer en el error de pensar que un entrenador es el único responsable del funcionamiento colectivo de un equipo, pero no nos engañemos, porque el no juega.Después del planteamiento hay que jugar el partido, y es ahí donde valores como el coraje, la entrega, la vergüenza y sobretodo el sacrificio solidario por el bien común marcan las diferencias con equipos que sólo tienen individualidades, más preocupadas por el lucimiento personal que por la colectividad a la que representan.

El caso de Cuauhtémoc Blanco me desconcierta. Por un lado, Cuauhtémoc ofrece su vistoso juego al bien del equipo, y por el otro, su afán de protagonismo extra futbolístico lo convierte en un elemento a veces indeseable dentro de un grupo. No cabe duda de que si en la selección deben estar los mejores hay en ella un sitio para Blanco, pero me parece que Cuauhtémoc debe de entender que no nos hace ningún favor. Es una lástima que un jugador con su calidad pierda de vista la importancia del grupo, y que lejos de aprovechar su privilegiada posición para fomentarlo, sus cuestionables actitudes provocan divisionesy rupturas hacia dentro de lo que debe ser un equipo, una comunidad. A veces da la sensación de que persigue un fin que no comparte con el resto de sus compañeros y al mismo tiempo es un jugador de incuestionable calidad al que no se le puede criticar por falta de generosidad. Es una dualidad extraña la de Cuauhtémoc. Su manera de jugar nos habla de su forma de entender el juego: no estamos ante un jugador individualista con la pelota, aunque suele ser el que más brilla con ella. Es un futbolista que demuestra que la calidad individual no está peleada con jugar en equipo, y al mismo tiempo su actitud es arrogante no sólo con los rivales sino con sus propios compañeros. Insisto, nadie duda de su calidad, pero permítanme dudar de su compromiso. No me queda claro si es este un jugador con el que se puede ir a todas partes o es de los que no se puede contar con ellos.

Quizá pedirle que cambie sea pedirle que deje de ser Cuauhtémoc, pero me parece que ya tiene un camino importante recorrido como para haber madurado. Creo que tiene que entender que ya no es un jovencito y asumir la responsabilidad de lo que se espera de él. Muchos dicen que es el mejor jugador de México; yo creo que podría serlo pero no quiere. A veces parece que esta haciendo todo lo posible para no asistir al que créanme, sería su último mundial.

Estoy convencido de que Cuauhtémoc tiene muchísimo que aportar a esta selección, más allá de su infantil pleito con La Volpe, pero asumir responsabilidades con madurez nunca ha sido lo suyo. Y no nos engañemos: la palabra final no la tiene La Volpe, la tiene él mismo. Si no va al mundial, el único culpable va a ser él. Ningún entrenador puede privilegiar a nadie por encima del equipo si es que quiere mantener el respeto de un grupo y por lo tanto la armonía de este. Si no hay grupo no hay nada, y a menos que Cuauhtémoc quiera formar parte de el y no al revés, mucho me temo que no asistirá a la justa mundialista, y ¿saben qué? No podríamos juzgar a La Volpe por esto.