La   pasión   por   el   fútbol
Por David Rivera Lomeli

R

ecuerdo, cuando niño caminar de la mano de mi padre rumbo al estadio para ver mi primer partido de fútbol. La sensación fue indescriptible. Aquel momento, cuando por primera vez pude contemplar una cancha desde las tribunas, es un recuerdo que mantendré en mi mente por siempre. En aquella memorable ocasión el juego en disputa definiría al equipo que descendería a segunda división, es decir, al peor equipo de México. Si la memoria no me falla, corría el año de 1976. El equipo visitante vestía un uniforme realmente bello. Blanco en su totalidad salvo por una gran franja verde horizontal cruzando a la altura del pecho. Sin duda alguna un equipo de gran tradición: el club Zacatepec. A decir verdad me parece que es lo único que guardo en la memoria de aquel equipo, pues desde el principio mi atención se concentro en los colores del equipo local. Me parece que un poeta, quien le escribe al amor con la misma facilidad con la que un brasileño conduce el balón, podría expresar lo que yo sentí en ese día que jamas olvidare y que, además, es la causa de estas humildes líneas.

Durante el partido los roces fueron muchos y los gritos en las tribunas realmente me mantenían absorto, me imaginaba  un fantasma en medio de una celebración de día de muertos. La gente gritaba porras, insultos y los más necios suplicaban por una cerveza. En medio de aquel bullicio, mis ojos no hacían otra cosa mas que observar a los locales correr y luchar infructuosamente por conseguir un gol, el ansiado momento de gloria en que jugadores y aficionados se funden en un solo grito……por desgracia ese momento nunca llegó. Por el contrario el equipo de Zacatepec consiguió dos anotaciones, premio a un fútbol de enlace, ofensivo y con muchos bríos. Al finalizar el encuentro caminamos de regreso a casa sin decir ni una sola palabra, el rostro de mi padre estaba descompuesto. Pero aquella  noche no podía descifrar que cosa había logrado vencerlo. Acostumbrado a mirarle como un roble, me preguntaba: ¿qué ha sucedido aquí, que doblego de tal forma a un señor que todo lo puede?, ¿que cosa tan grande pudo vencer al mas fuerte de los seres humanos? Pensaba yo a la edad de seis años.

Nunca hubo necesidad de preguntarle a mi padre la razón de aquella gran tristeza, pues al llegar a casa y tratar de dormir, los recuerdos comenzaron a fluir.  Al cerrar los ojos, lo primero que vino a mi mente fueron los colores de aquella playera:…………………AZUL Y GRANA….

Los potros de hierro del Atlante…..y sin saber porque, de mis ojos comenzaron a fluir lagrimas….no por la tristeza de mi padre, sino por el recuerdo de ver a once seres humanos, entregar su máximo esfuerzo y aun así salir derrotados.

Ahora, cuando recuerdo esto, admiro la nobleza de aquel equipo que aunque perdió, nunca dejo de luchar.

Desde aquel día y entregado a una pasión que de padre me viene, el fútbol cobró un sentido que hasta la fecha dirige los pasos que andan el camino de mi vida. El fútbol es una expresión tan noble y diversa que al igual que te da satisfacciones, también te puede llenar de grandes tristezas, y a mi entender, esto es lo mas parecido a la vida.