Félix. El portero del
Sahara.
Por Juan Carlos Quezadas
Para Diego, otro gran jugador del Ajusco
L a primera vez que odié a Félix Fernández fue hace ya
trece años, después de la final de la segunda división 90-91, cuando con un gol
suyo, anotado en la serie de penalties, el Atlante se ganó el regreso al máximo
circuito.
Lo odié
concientemente por su hazaña, que le valió aparecer en la portada del Esto, con las manos levantadas en señal
de triunfo, bajo un encabezado que decía: Ave
Félix; y lo odié inconscientemente (ahora lo descubro) porque me daba
cuenta de que yo jamás aparecería en la portada del Esto (aunque tal afirmación no es exactamente cierta ya que una vez
figuré allí por culpa de un altercado con el Fantasma Figueroa, pero este no es ni el lugar ni el momento para
recordar tales bochornos).
La segunda
vez que odié a Félix Fernández fue exactamente diez años después en un concierto de Joaquín Sabina,
cuando el madrileño le dedicó una canción al, en ese entonces, portero de un
Atlante con graves problemas de descenso.
Por
fortuna, después de este segundo ataque de envidia fulminante, mi corazón ha
madurado y no ha vuelto a surgir en mí el más mínimo atisbo de animadversión
contra Félix. Es más, debo confesar que de un tiempo a esta parte mi admiración
por él aumenta sábado a sábado cuando lo miró defendiendo la portería del
Sahara, equipo de
Y es que en
una época en que la meta máxima del futbolista es hacerse millonario, salir en
comerciales y ligarse a una reina del espectáculo, ver a Félix defendiendo la
portería de un equipo amateur hace que uno vuelva a creer en el espíritu del
juego. Porque seguramente cuando Félix, enfundado en su playera del Rayo
Vallecano, detiene un disparo de un delantero del Chinchón o del Murcia, siente
la misma emoción que cuando atajaba remates de Hermosillo o de Estay.
Ver a
Félix, alguna vez Potro de Hierro, en esa cancha de porterías con redes casi
rotas y que en lugar de palco de honor ofrece la majestuosidad del Ajusco, me
recuerda a otro potro, al caballito que aparece en Amelie corriendo junto a un pelotón de ciclistas, disfrutando la
libertad, importándole un carajo lo extraño de aquellos caballos enanos y de
metal, corriendo junto a ellos por puro gusto.
Así, por
puro gusto, juega Félix.
Hoy su
ajusqueño equipo anda peleando el descenso, pero quién sabe, el fútbol es
caprichoso, y es probable que en las próximas semanas, gracias a una atajada de
Félix, el Sahara logre salvarse de caer a
Uno más.
8 de julio del 2004.