Formas de perder

 

Enrique López Rull (Almería)

 

En el fútbol, la victoria y la derrota son complementarias e inseparables. A todos nos ha tocado perder, empatar o ganar, y sin embargo, ningún partido es igual a otro. Por eso yo pienso que lo importante son las formas.

    Se que quizá es un poco tarde para quejarme, pero como aficionado universitario no puedo dejar de sentir vergüenza por la manera en que los Pumas fueron eliminados de la no muy prestigiosa Copa de Campeones y Subcampeones de CONCACAF. Existen formas dignas para perder, y la mostrada por Hugo y los Pumas a lo largo de la final está muy lejos de ser una de ellas. La derrota entristece y siempre deja un mal sabor de boca, pero no tiene que poner en riesgo el honor de cualquier equipo que la sufra, siempre y cuando este equipo defienda con dignidad las ideas en las que crea. Los Pumas carecieron de estas ideas, y daba la impresión de que no sabían lo que defendían. En Costa Rica no jugaron a nada; el 2-0 salió barato y dejo abierta la puerta para una posible reacción universitaria en C.U.

    Antes de jugar el partido de vuelta, los Pumas fueron eliminados del torneo local culminando así la más desastrosa participación de un equipo bicampeón en la historia de nuestro fútbol. Este mal trago fue beneficioso para el equipo que ahora podía concentrarse exclusivamente en ganar la final. Contra el Morelia se alinearon a juveniles que no habían tenido participación, pasando por encima del reglamento, todo para descansar lo más posible a los titulares y que estos rindieran al máximo en el último partido importante de la temporada. Y cuando este comenzó, los pumas no tenían hambre. Con un planteamiento basado en tirar “ollazos” a ver si Diego Alonso pescaba alguna, se olvidaron de jugar en equipo;  a Ailton habría que recordarle que Vergara no estaba en la cancha, porque el absurdo pique personal que tiene con el dueño del Guadalajara se hacia visible cada vez que el brasileño tocaba la pelota. No recuerdo un solo pase a sus compañeros y no tuvo la cabeza fría en ningún momento. Acelerado, agresivo en el peor sentido y poco inteligente, se salvó de la expulsión gracias a la tibieza del arbitro, y lo peor es que cuando tuvo su oportunidad para realmente ayudar al equipo mandó su disparo a la séptima fila de la general preferente.

    El partido en general me dio asco. Hacia tiempo que no veía un juego con tantas marrullerías por parte de los dos equipos, y con tan poca disposición por parte del supuesto obligado a irse al frente. No fue sino hasta el circunstancial gol anotado por Joaquín del Olmo que los pumas mostraron un poquito de coraje y vergüenza deportiva, y quisieron hacer en 20 minutos lo que no pudieron hacer en 160. Los últimos minutos fueron especialmente denigrantes para el fútbol. Codazos, rodillazos, agresiones en general, actores (mas no jugadores) rodando por el suelo en agonía para después resucitar milagrosamente una vez abandonado el campo, reclamaciones al árbitro y exigencia de tarjetas… en fin, un espectáculo lamentable por donde se mire.

    La cereza en el pastel la pusieron cuando al termino del partido se le fueron encima al arbitro reclamando por un minuto, porque si algo de dignidad les quedaba no había otra más que aceptar la derrota. Qué pobreza más grande de deportivismo demostraron, y ya no hablemos de la imagen que proyectan de un equipo que representa a la Universidad. Insisto: hay maneras de perder, y la de Hugo y los Pumas el pasado miércoles careció de toda dignidad. Al campeón se le conoce en la victoria pero más aún en la derrota, y a este equipo no lo reconocen ni en su casa.