¿Fútbol o yo? |
por Sergio Viso Hace unos días una persona cercana a mi me preguntaba que porque era tan fanático del fútbol. ¿Fanático? La verdad no me considero un fanático como tal, a pesar de que en los últimos siete años juego en promedio cuatro veces por semana en diferentes equipos y lugares. A pesar de que he jugado en ligas amateur por todos lados y en todas las posiciones desde que tengo doce años. A pesar de que le grito como un loco a la televisión "dirigiendo" a los Pumas. A pesar de que prácticamente toda mi vida social la llevo a cabo con amigos que conocí por el fútbol. A pesar de que veo las repeticiones de los partidos en Acción, DeporTv y La Jugada los domingos. A pesar de que me pongo a ver juegos como Toluca contra Santos, a pesar de que no le voy a ninguno de los dos. O a pesar de que en la mañana y en la tarde de ida y de regreso del trabajo no oigo otra cosa en el radio que no sea Estadio W...Más de uno de los lectores ya se habrá identificado ¿no? Bueno, a lo mejor un poquito fanático, si soy. Pero a fin de cuentas, en algún momento puedo dejar de ir a un partido, y no se me acaba el mundo. Ni tan poco me pego un tiro o me pongo a llorar desconsolado cuando pierden los Pumas. Por ejemplo, hace poco me perdí un mes sin jugar por una lesión, y estoy bien. Como todo en la vida, hay que buscar un equilibrio... Este preludio viene a colación porque mi esposa me ha preguntado cientos de veces que a quien prefiero: ¿el fútbol o ella? Esta pregunta seguro ya se la habrán hecho a muchos de los que están leyendo este artículo. La pregunta es incómoda. Al principio, sobre todo cuando empiezas a andar, no quieres decir la verdad. Quieres hacerle sentir que ella es todo. Pero la neta... Por un lado el fútbol te da tu espacio, tu momento de hacer una de las cosas que más te gustan, de ver a tus cuates, de sentirte parte de un equipo, de mitigar el estrés, de quemar grasa, de sentirte competitivo, de hacer condición física, y de mil cosas más. Pues sí, nada como llegar a tu casa lleno de tierra, y adolorido (especialmente estos últimos años). Nada como un buen baño después de jugar y la tranquilidad y paz que se sienten saliendo de la regadera... ¿Cómo explicarles la sensación de poner un buen pase para gol, o de anotarlo? ¿Cómo hacerles entender que remontar un marcador a un equipo que te va ganando por dos o más goles, es un sentimiento maravilloso? ¿Cómo decirles que hacerle un túnel o un sombrerito al contrario te hace sentir grande? Es como querer describir el sabor de algún alimento. No se puede a menos que lo pruebes... En fin, cada quien le contestará a su novia, pareja o esposa lo que sienta o quiera. Yo, al principio, cuando éramos novios le decía que el fut está arribita, pero por poquito. Ya cuando empecé a vivir con ella y ver que además era seguidora de los Pumas, pues le dije que ya casi estaba ahí, al parejo. Actualmente, ya casados, le digo que ya están empatados.
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