El Gran y Pambolero Carnal
Valentín Albarrán Ulloa.
Se han puesto de moda los Reality Shows por todas partes. El proyecto 1984 se ha desvirtuado y sus secuelas las encontramos ahora plasmadas en contextos de toda índole, los hay de música, de desconocidos, de famosos, de políticos chuscos y hasta de políticos reales (que, como diría Silvio, no es lo mismo pero es igual). Mucho me temo que ante tal inercia mediática, estamos asistiendo a la inauguración del Reality pambolero. Los cada vez más sofisticados registros electrónicos de los encuentros de nuestro balonpié nacional amenazan con constituirse en los jueces por excelencia de los sucesos que ahí acontecen.
Con tristeza atestigüé, a través de la trasmisión televisiva, la grabación del momento en que el Fantasma Figueroa arremete contra un jugador del equipo rival al terminar el encuentro, provocando un zafarrancho digno de peor causa. Aunque no comparto ni justifico esta forma de sacar la frustración de una derrota (aún habiendo protagonizado alguna vez escenas similares), estoy seguro que en el origen de tan condenable actitud se pueden hallar por lo menos un insulto del jugador agredido (porque fue directo a él, no le pegó a cualquiera) y por lo menos una omisión del silbante en turno. Lo verdaderamente triste sin embargo, fue observar la continuación de la nota informativa, en la cual se avisa de la sanción a que se hizo acreedor el otrora goleador de los Canarios.
Si la intención es emplear los registros videográficos como testimonios o evidencias de la comisión de un delito, en este caso civil y penal, que no sea en el estricto ámbito del fútbol donde se acepten éstos como pruebas ni donde se actúe en función de estos, para eso existen los tribunales, los juzgados y las instancias correspondientes. Esto es fútbol, un deporte que adquiere su grandeza y su encanto en el hecho de que es un fenómeno inaprensible, no puede ser controlado a cabalidad, y mucho menos puede intentar controlársele por medio del dispositivo videográfico que tal o cual televisora emplea para sus transmisiones ya que, al menos, este intento motiva tres consideraciones: 1) Los recursos de que se echa mano para tal efecto no pertenecen, en rigor, a la Comisión Disciplinaria ni mucho menos a la FMF, luego entonces se hace lo que comúnmente se conoce como caravana con sombrero ajeno 2) Si lo que se busca es sancionar aquellas faltas al reglamento que no hayan sido sancionadas por el silbante del encuentro auxiliados por los avances tecnológicos, entonces habría que pedirles a las televisoras que dispongan un par de cámaras que graben la actuación de cada jugador en cada partido de cada torneo y 3) Si el objetivo es aplicar es una suerte de justicia a posteriori, entonces habría que valerse de las grabaciones de tal aparato mediático para corregir no sólo las agresiones, sino los errores arbitrales, las manos de Dios, la veracidad de los goles, la certeza de los off side y de paso, las mentadas de Cuauhtémoc, lo cual, de hacerse, acabaría con la magia de este suceso que llamamos cariñosamente pambol. Si son los espectáculos deportivos, y en particular el fútbol, los que rompen los ratings de audiencia, es precisamente por que no se pueden predecir, ni anticipar ni controlar como sucede con las telenovelas, las películas, las caricaturas, los programas de chismes, etc. Se trata de realidades que se transmiten y se viven en tiempo real, de ello abrevan su atracción y por lo tanto no pueden sancionarse a posteriori ni entenderse desde una dimensión temporal ajena al propio deporte.
Por ello es que me dio pena ajena observar que mientras al jugador o al técnico se la aplican sanciones derivadas de los videos, los árbitros aparecen en los medios pidiendo disculpas a un equipo o a una afición por que gracias a las grabaciones se dieron cuenta de lo que todos ya sabíamos. Lejos de consolar con sus “bien intencionadas y sinceras disculpas”, me parece que resultan hasta ofensivas: “lo siento, eché a perder su temporada, ustedes dispensen”. Qué esperan del equipo perjudicado... Un aplauso, un monumento a la honestidad, o más bien una redención que no llegará, como no llegará la que exculpe a Codesal del 90, como no va a llegar la que redima al Mejía Barón del 94 contra Bulgaria, al Matador del 98 contra Alemania, al Vasco del 2002 contra los gringos, como nunca llegó la que absolviera a los penalistas mexicanos. ¿Por qué?...porque así es el fútbol, y aunque sea una frase gastada, encuentra su vigencia en el hecho de que afortunadamente este deporte aún no ha sido transformado por la tecnología y la comercialización. Ello no quiere decir que no las haya, en buena medida, gracias al alcance de las transmisiones y al dinero que a su derredor se mueve, el fútbol asociación sigue siendo lo que es, porque son estos dos grandes pilares los que se han adaptado a la lógica del juego, han sabido hacer dinero a sus costillas respetando su esencia. Sin embargo no me resulta descabellado avisar que la tortilla se puede voltear. Esperemos no ver el día en que el Juego, no los horarios triple AAA, ni los anuncios estáticos o virtuales ni los patrocinios ni todo eso, el Juego, se tenga que adaptar a las requerimientos del show bussines, porque entonces sí, como diría Quino a través de Mafalda, su más destacada vocera: “paren al mundo que me quiero bajar”.