El  "Jamaicón" europeo.

Por Enrique López Rull

 

La primera ronda de la Eurocopa de Portugal ha llegado a su fin, y con ella se fueron tres equipos de los llamados grandes: España, Italia y Alemania hicieron ya las maletas y regresaron a casa, dejando un amargo sabor de boca a sus aficiones y a quienes esperábamos más de estas selecciones.

Lo de España ya no sorprende. Un equipo que siempre llega con la etiqueta de favorito (a pesar de no haber ganado nada) y que siempre, invariablemente, decepciona a sus seguidores por la poca ambición mostrada; a España le falta hambre de triunfo, y eso no se aprende en ningún sitio, se tiene o no se tiene. Italia y Alemania, por su parte, son dos selecciones que cargan con el peso de su historia. Son equipos que saben ganar, a pesar de que a veces su juego no llene las expectativas de los aficionados.

Pero, ¿que tienen en común estas tres selecciones?  Para explicarlo mejor, me voy con lo opuesto: La República Checa; un país que no cuenta con una liga tan exigente como la española o la italiana, pero con jugadores hambrientos de triunfo individual en el extranjero. Los mayoría de los jugadores de la selección checa no juegan en su país, están regados en las mejores ligas europeas, y aunque no necesariamente todos son estrellas en sus respectivos clubes, todos, por el hecho de estar fuera, ya son ganadores. Saben lo que es representar a su país en el día a día (no solamente con la selección), y el reto que supone jugar en otro país, con todo el proceso de adaptación que esto implica, los hace fuertes mentalmente. No conocen el síndrome del “Jamaicón”, y en su juego transmiten esa seguridad mental indispensable para alcanzar los grandes objetivos. Con los franceses sucede lo mismo: futbolistas con escuela, perfeccionados física y mentalmente en el extranjero.

 

Españoles, alemanes e italianos, por el contrario, casi nunca emigran en busca de la gloria. Juegan en las exigentes ligas de sus países, y aunque su calidad individual este probada, no tienen, uno por uno, la fuerza mental que otorga la superación de retos personales tan grandes como el triunfo ante la adversidad de no ser local. Sus selecciones no tienen la cohesión necesaria en torneos tan cortos y exigentes, y en sus concentraciones hay problemas todos los días. Rumores de traspasos, envidias y rivalidades no se hacen a un lado por un bien común. Podemos decir que son equipos viciados, llenos de "vedetismo" (pregúntele al guarro Totti).

 

En México, guardando toda proporción, nos pasa lo mismo. Jugadores inflados que cobran sueldos estratosféricos, con la diferencia de que nuestra liga esta muy lejos del nivel europeo (ya no digamos España, Italia o Inglaterra). Los brillantes directivos mexicanos son el principal obstáculo para que los mexicanos salgan al extranjero, y una buena dosis de conformismo y comodidad de los jugadores también tiene que ver. Casos como el de Rafa Márquez, Torrado y en sus tiempos el mismo Hugo Sánchez, son garbanzos de a libra. Todo el mérito es de ellos y no de un sistema que procure la salida de jugadores al extranjero. ¿Cómo no se va a reflejar esto en nuestra selección?

 

Volviendo a la Euro, me aventuro con un pronóstico: me gustan los checos para campeones, y si no los franceses. Portugal también tiene un buen equipo, y el hecho de ser locales puede representar una ventaja importante, pero tendrán que mejorar si quieren ganarle a mis gallos.

 

25 de junio del 2004.