Las Lecciones del Destino.
Por Enrique López Rull
Q ue grande es el destino, que a veces nos hace
tropezar con la misma piedra dos veces. Portugal y Grecia dieron inicio al
campeonato de Europa, y con el primer juego llegó también la primera sorpresa. Los
griegos arruinaron la fiesta portuguesa en la inauguración de la eurocopa, y
sin embargo, nadie los tomó en serio, creyendo todos que aquello fue un
accidente mas que otra cosa. Esa victoria fue la que llevo a los griegos a la
segunda fase, donde a pesar de eliminar a Francia, vigente campeón, y después a
los checos por idénticos y raquíticos marcadores de 1-0, seguíamos todos sin
dar un clavo por los helenos.
El destino
quiso que Portugal y Grecia cruzaran nuevamente sus caminos, esta vez en el
juego final. Los portugueses cometieron la imperdonable estupidez de no
aprender del pasado; convencidos de que en el juego inaugural su rival corrió
con suerte, todo estaba listo para coronar a la “generación de oro” portuguesa.
Nadie contaba con Grecia. Nadie, excepto ellos mismos.
El partido
resultó como todos lo esperábamos: Portugal “atacando” y chocando una y otra
vez con la infranqueable muralla que los griegos levantaron atrás. Grecia, por
su parte, fiel al estilo que los llevo hasta esta instancia, pacientes y
enjundiosos, sin regalar el mas mínimo espacio, hicieron todos un esfuerzo tan
parejo y solidario que es difícil destacar algún jugador sobre el resto de sus
compañeros. Los griegos jugaron en automático, como si ya hubieran jugado ese
partido miles de veces antes. Todo salió como estaba escrito en su guión, cuyo
autor no podía ser otro que un alemán. Grecia marco el mismo gol tres veces, y
jugando como “un solo bicho de once cabezas y veintidós piernas” impuso la
colectividad por encima de las individualidades... Habrá también quien diga que
se impuso el fútbol defensivo, y la verdad es que tampoco le faltara la razón.
La selección griega podrá gustar o no (a mi no me gusta) pero es indudable que
tiene valores que bien se pueden emular: Todos juegan para el equipo, todos
juegan a lo mismo, juegan con lo que tienen y lo ponen al servicio de un
sistema, que si bien no es espectacular, es el que mejor se adapta a las
características de estos jugadores.
Nos guste o
no, Grecia es un justo campeón. Derrotó a los mejores y nos hizo perder dinero
a todos los que hicimos nuestra quiniela.
Otros que no
aprenden las lecciones que da el destino son los humildes jugadores de Boca
Juniors, que tras el ridículo de fallar todos sus penales, tuvieron el detalle
de no presentarse a por su medalla de plata, porque no sabían que existía. Si
eso fuera verdad, hubieran tirado los penales como hombres y no como payasos,
pero como eso es lo que son, no pudieron presentarse como hombres a darle la
cara a la derrota.
Así pues, el
Once Caldas se une al club de los griegos, y yo mejor ya no voy a hacer
pronósticos para la copa América, aunque si me preguntan yo le pongo mi fichita
a Bolivia y a Venezuela, por aquello del caprichoso destino.
5 de julio del 2004.