Pumas - Corinthians |
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por Enrique López Rull
Un amigo mío tiene colgada en la puerta de su cuarto una frase que me encanta, y que sirve tanto para el fútbol como para la vida: “No basta con jugar bien al fútbol, también hay que poner mucho huevo”. A veces, cuando las cosas no marchan bien en un equipo, cuando se juega mal, cuando se hace costumbre perder, es necesario combatir la falta de confianza con entrega y lucha. Es verdad que en el fútbol de poca precisión y mucha dinámica que se practica hoy en día siempre aplaudiremos la existencia del talento para desatascar el partido y para mostrarnos la cara alegre del fútbol, pero como el fútbol y la vida no se tratan solamente de alegría, la frase que cuelga de la puerta de mi amigo es una lección que advierte que el talento por si solo no sirve para nada, a menos que se alimente de la ambición y el coraje. Ayer, en medio de una de las peores crisis que yo recuerde, los Pumas escribieron una de las páginas más inesperadas de su historia al derrotar al campeón brasileño, Corinthians, clasificándose a semifinales de un torneo que si bien no es la Copa Libertadores, cuenta con la participación de equipos importantes de Sudamérica. Si los brasileños subestimaron al cuadro universitario jugando con gente que habitualmente calienta la banca no es problema de los Pumas. El equipo de Miguel España se paró bien en la cancha y mostró algo de lo que era Miguel como jugador: mucha lucha, mucho sacrificio y sobre todo, mucho espíritu. La personalidad de un equipo queda de manifiesta en los momentos adversos, pero estaba claro que este equipo necesitaba un revulsivo para por lo menos volver a intentar encontrarse en la cancha. No fue el de ayer un partido excepcionalmente bien jugado por los Pumas, pero volvieron a encontrar esa mística que pasa más por la garra que por el talento. Hace mucho que este equipo no juega bien; seguramente tendrá que pasar más tiempo para que esto suceda, pero el primer paso está dado. Evidentemente es muy temprano para comenzar a juzgar la labor de Miguel España como director técnico, pero creo que sin duda es un acierto dar las riendas del equipo a una persona que entiende lo que significan la Universidad y los Pumas. Miguel defendió la camiseta puma durante años, y lo hizo siempre de la única forma en que sabía hacerlo: con alma, sangre y corazón. Después de la tormenta que supuso la salida de Hugo, un hombre ecuánime e inteligente como Miguel es lo que este grupo necesitaba, y no lo digo por el partido de anoche. En lo personal estoy contento de que un símbolo universitario sea el encargado de recomponer el camino, pues creo que esto es un esfuerzo por volver al origen, a la esencia, tan olvidada en los recientes tiempos de gloria y fracaso universitarios. Los pumas estaban alejados hace tiempo de lo que son, y ayer, sin practicar un fútbol brillante insisto, se les vio con hambre de revancha. Como aficionado puma, a mi me da igual si son bicampeones o no, o si van al Bernabeú o no, siempre y cuando defiendan en cualquier cancha con orgullo y casta la camiseta que visten y que nos representa a quienes sin pedir nada a cambio sufrimos sus derrotas y celebramos sus triunfos. Es decir, que hasta cierto punto me da igual que no jueguen bien al fútbol mientras no dejen de poner mucho huevo. |