¿Qué le falta a la Selección Mexicana?
Miguel Limón, Murcia
Cada vez que la FIFA da a conocer su ranking mundial (creo que es cada mes), en México pegamos de brincos y nos asombramos de que nos ubiquen como octavo, como sexto, en fin, entre los diez primeros del mundo. Es cierto beneficia mucho para esta clasificación la zona geográfica en la que se localiza el país, ya que para el ranking se toman en cuenta los partidos que la selección ha jugado últimamente, y a México le toca enfrentar a Guatemala, San Vicente y compañía, donde casi siempre se adjudica los triunfos.
Pero desde hace ya tres mundiales (y no 5 porque para Italia 90 nos "dejamos" fuera), México avanza a la siguiente ronda obteniendo muy buenos resultados frente a escuadras europeas muy poderosas (dos empates con Italia, otro con Holanda), no tiene malos desempeños en los torneos como la Confederaciones o Copa América, y sin embargo seguimos sin dar ese pequeño paso, que en realidad es un gigantesco brinco, para estar en esa elite mundial del fútbol ¿Por qué no podemos soñar con ello, si tenemos un país de más de 100 millones de individuos, donde la infraestructura futbolística profesional existente supera a las de muchos países, dónde se traen entrenadores de talla mundial, de donde han salido grandes jugadores de nivel internacional?
Yo encuentro dos razones: la primera es un problema estructural, cuyo reflejo más claro es que en lugar de ser un país exportador de jugadores somos un país netamente importador. Este tema merece un análisis profundo, pero no es el tema central de este ensayo. Ahí, en ese centro, se encuentra la segunda razón: nos falta ser hijos de puta en determinados momentos.
Y para la argumentación de esta hipótesis tómese en cuenta lo siguiente: México 1-Alemania 0, faltando 16 minutos. Todo futbolero nacional recordará la falla de Luis Hernández ¿recuerdan en esa misma jugada la patada de Lothar Mathaus al cabrito, recién ingresado en la segunda mitad y motor del equipo mexicano? No volvimos a tener la pelota, y después de 16 minutos nos dejan fuera de la copa del mundo.
México 1- Italia 1, Corea 2002: seguro recuerdan el golazo de Borgetti y la desesperación de los italianos hasta que entra del Piero y empata ¿recuerdan el golpazo a la yugular que le propina el toro Vieri a un mexicano?
México 1-Argentina 2, Copa América 93: saque de banda, se "avivan" los ches, Batistuta se lleva de calle a Ramón Ramírez y nos mete el segundo, se acaba el sueño.
México 1-Argentina 1, Confederaciones 2005: Cochinelli a lo suyo (y Morales a su casa), y Saviola a...
De nuestras "cochinadas" nos acordamos: del inocente jalón de Luis García en 94, con el que lo echan y deja a la selección con 10 contra Bulgaria (que ya tenía un expulsado).
De la terrible (y merecidísima) entrada que se llevó Coby Jones en Corea, firmada por Rafa Márquez (claro, cuando estábamos ya al borde de la eliminación y esa y las patadas de Aspe eran sólo de ahogados).
La tonta expulsión, también de Márquez, contra Argentina ahora en la Confederaciones: 2 minutos antes de los tiempos extras y al capitán lo botan por doble amarilla.
Si observan bien a Brasil, verán que los centrales, laterales y contenciones que han tenido a lo largo de su historia no se dedican a consentir la pelota, y menos a los rivales. Italia pega, y pega, y pega, y pega, hasta que gana uno a cero. Alemania: ¿hace falta que se comente algo de ellos? De los argentinos: simplemente son los amos y señores de las marrullerías y cancherismos. En fin, recuerden escenas fuertes de mundiales, y en muchas de ellas estarán los equipos o los jugadores llamados grandes (Tassotti vs. Luis Enrique; Schumacher vs. el delantero francés en 82; el búlgaro Stoitchkov mandaba a su equipo, al rival, al árbitro y al público; el brasileño Leonardo y su tremendo codazo a un norteamericano; Zidane, salido de los barrios y pandillas de inmigrantes argelinos en Marsella).
A nosotros nos falta esa malicia, ese hijo de puta que vea quién de los rivales es el que agarra la pelotita y…, esa hambre y ese aferre a ganar, a no perder por nada.
Sí, está el sueño de Viso, y las fantasías del Negro, que se pueden realizar en una liga como el Ajusco, pero en la de verdad, en donde cuenta, en donde juegan los hijos de puta, ahí se requiere pelear con las mismas armas, y bajo los mismos principios. Se ve muy difícil que eso vaya a cambiar, es mejor que nosotros vayamos entendiendo que si queremos ganar, es muy probable que tengamos que aprender a morder.