Los Símbolos
Por Enrique López Rull
En el fútbol, como en cualquier aspecto
de la vida, existe una dualidad constante entre la forma y el fondo. Estos
conceptos, aunque a veces choquen entre si, no pueden ser separados, pues ambos
son el reflejo del otro. Las formas representan lo tangible, son la
materialización del fondo y son siempre imperfectas, pues muchas veces parten
de un fondo utópico. En su forma, el fútbol es un juego simple, al que solo le
bastan una docena de reglas para ser comprendido. En su fondo, puede ser tan
complejo como queramos los involucrados, pues despierta sentimientos y resalta
valores humanos que son fundamentales no solo dentro de la cancha sino fuera de
ella.
Quienes cultivamos la pasión futbolera desde la legitimidad que
otorga la infancia, sabemos que cualquier equipo, profesional o llanero,
representa a una colectividad que defiende una idea. Esta idea no es otra cosa
que el fondo, íntimamente ligado con lo simbólico, y va más allá de un simple
planteamiento táctico.
Los símbolos funcionan como elementos de identidad, y son tan
poderosos que incluso las formas, cada día más parecidas entre un equipo y
otro, no son capaces de alterar su significado. En lo simbólico se sustenta la
pasión del aficionado por su equipo, y que mejor ejemplo de lo anterior que la
locura desatada por la próxima final que disputaran a partir de mañana las
chivas y los pumas.
Lo que simbolizan estos dos equipos, ya no digamos solo en el
fútbol sino en la sociedad mexicana, rebasa con creces a figuras mediáticas que
asumen un protagonismo que no es suyo. Tanto a Jorge Vergara como a Hugo
Sánchez habrá que decirles que las instituciones están muy por encima de ellos
y de su egocentrismo, y si bien tienen que ver con el hecho de que sus equipos
estén en la final, no son ellos los causantes de la locura colectiva desatada
entre las dos aficiones.
Que importante es, para el fútbol mexicano, que dos equipos como
estos se disputen un titulo. Por un lado, los pumas simbolizan a la universidad,
una institución ejemplar y fundamental para el desarrollo del país, que
promueve los valores propios de la academia.
Por otro, el Guadalajara simboliza el orgullo de ser mexicano, y
aunque no puede considerarse como un símbolo nacional, si lo es de nacionalismo,
concepto muy distinto a la xenofobia
practicada por Hugo.
Independientemente de lo que suceda en esta final, tanto Pumas
como Chivas seguirán siendo símbolos de nuestro fútbol y de sus ideas, y
seguirán representando a la misma colectividad que hoy los apoya. Aunque hay
quien entiende al fútbol como metáfora de una guerra civilizada, no debe
entenderse este partido como una confrontación de símbolos en busca de una
verdad absoluta, sino más bien como el juego que es, una final de fútbol mexicano
que arrojara al campeón de este torneo. Después de todo, los símbolos no se
alteran aun en temporadas perdedoras.
9 de junio del 2004.