La diferencia entre un “YA MERITO”

y un “MÉRITO YA”

 

 

 

por Valentín Albarrán Ulloa

El Chino

Andorra  #1

 

Qué importante me resulta que una bola de chamacos nos vengan a poner el ejemplo de lo que se puede hacer con un balón y, sobretodo, con una mentalidad colectiva.

 

Las inercias no se vencen con el tiempo, sino con el cambio de mentalidad de los grupos en que éstas son comunes. Cuántas veces hemos escuchado la castrante frase del ¡YA MERITO! Cuántas otras los jugadores mexicanos rezan como letanía, durante las entrevistas, frases hechas como: fuimos mejores, estuvimos encima, los teníamos, generamos las opciones pero NO PUDIMOS CONCRETAR. Son frases que nos parecen tan comunes porque efectivamente representan o ejemplifican la mentalidad colectiva de un equipo (uno más bien perdedor), de un grupo (uno más bien conformista) o de un país (uno más bien subdesarrollado) a los que desafortunadamente estamos muy acostumbrados. Y es que no somos subdesarrollados porque la mayoría no sepamos ingles y computación (aunque nunca estará de más saber de ello), lo que es bastante subdesarrollado es creer que aprendiendo de eso, soplándonos campañas mediáticas dizque patrióticas y leyendo libros de superación personal vamos a salir del subdesarrollo. El subdesarrollo futbolístico no radica en convocar o no a la selección a un jugador nacionalizado o naturalizado mexicano, sino en creer que convocando naturalizados vamos a desarrollar nuestro fútbol.

 

Hoy tenemos además de un presente victorioso, un verdadero desarrollo futbolístico. Se apareció de pronto un grupo de entrenadores y técnicos que la verdad no eran muy famosos, pero que no les importó el renombre para hacer las cosas bien: desde el principio, sin sensacionalismos ni guerras mediáticas y sobre la base de un proyecto procesual, paso a paso con objetivos reales y peleando minuto a minuto. No vimos ni a un técnico ni a un equipo que pretendieran anunciar el resultado de un partido o de un torneo anticipadamente (que es lo que normalmente hacen nuestros seleccionados para quitarse presión), es decir, nunca echaron las campanas al vuelo (como Lapuente en Francia) ni se vencieron a priori (como casi todos los seleccionados antes de tirar un penal decisivo). Vimos a un técnico ecuánime, maduro y realista y a unos jugadores que les gusta lo que hacen, lo disfrutan al máximo, cuya unión y cohesión interna resaltaba en los festejos de cada gol y que sabían que no tenían nada que perder y sí un campeonato que ganar. Disfrutar y sentir lo que se hace es el primer y más importante paso para hacerlo bien.

 

Yo nunca he dudado de la capacidad futbolística del mexicano, es un deporte idiosincrásico, sumamente arraigado en nuestra cultura e insoslayable de nuestra práctica cotidiana, por lo tanto, constantemente han salido y saldrán excelentes jugadores. Algunos de ellos la hacen y otros no por falta de palancas o tiempo o recursos o lesiones, pero nivel sí hay. Lo que hace falta es mentalidad. Si Brasil y Argentina son potencias futbolísticas no es porque convoquen naturalizados o porque sean potencias económicas mundiales (porque evidentemente no lo son) sino porque tienen un vasto proyecto de desarrollo futbolístico y una gran mentalidad ganadora que les permite hacer la diferencia cuando el nivel técnico es parejo.

 

Que orgullo da que un pequeño grupo de muchachos imberbes le hayan enseñado al mundo que aquí también se sabe ganar. Pero aún más importante ha sido que con su ejemplo, nos hayan dicho a todos los mexicanos que aquí también hay mentalidad.