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Deporte y Sociedad. Por Sergio Viso
Parto de la tesis de que el deporte y su organización son un reflejo de la sociedad. Es un hecho que los protagonistas del deporte reflejan en gran medida los problemas, la cultura, la educación y demás atributos de una sociedad. Mas aún, el individuo que forma parte de dicha sociedad, normalmente se conduce y se comporta en su disciplina deportiva, de la misma forma que se conduce y comporta en su vida normal. En la época actual, gracias a la gran cantidad de información que fluye de muchas formas, no es difícil darse cuenta de que el ser humano se encuentra en un período de franca auto-destrucción, donde abundan, entre otras cosas, el egoísmo, el odio, la pobreza, el fanatismo y la indiferencia. Por lo tanto, no es de extrañarse que el deporte profesional esté “infectado” de lo mismo. Las noticias de conductas anti-deportivas y/o que atentan contra la sana y limpia competencia cada vez son más comunes. Los ejemplos de mayor repercusión y de actualidad son los dopajes de Landis en “la Tour de France” y el de Gatlin en el atletismo y el escándalo de apuestas en la Serie A del calcio italiano. ¿Qué lleva a un competidor a utilizar sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento, aún a sabiendas de que hay control anti-dopaje y de que se está exponiendo a truncar su carrera en caso de ser detectado? Como decía en el primer párrafo de este ensayo, lo que muestras en la cancha o la pista, es el reflejo de lo que eres fuera de la misma. En pocas palabras, el que busca ganar a costa de lo que sea, aún por medios no permitidos o mal vistos, seguramente lo hace en su vida cotidiana (es decir recurrirá a la mentira, la decepción, traición o como quieras llamarle para conseguir lo que quiere, o para demostrar que “puede más” que otros). Lo mismo se aplica en el futbol. Los jugadores que buscan engañar al árbitro con “clavados”, pues seguramente no son de fiar en su vida normal. Los jugadores que entran de “mala leche” o a lastimar, pues evidentemente no valoran para nada a una persona que se encuentre entre ellos y su meta. Así hay interminables ejemplos, como el que se burla cuando mete gol, o el que se arde en demasía cuando pierde, o el que quiere armar gresca a la primera que puede, o el que se deja que le hagan de todo, etc., etc. Caray, ¿existe respuesta a todo este rollo melodramático? Para mí, gran parte del problema del ser humano es que está cada vez más desintegrado y más alejado de su propia conciencia. A fin de cuentas, la conciencia te hace estar en el presente, en el aquí y el ahora, lo cual a su vez desencadena beneficios tales como estar al pendiente permanente de tus emociones, estar atento a rechazar sentimientos inútiles y nocivos como la envidia o la soberbia, de procurar a las personas que te rodean, de darte cuenta cuándo estas siendo negativo, y de muchas otras cosas. Imagina un ser humano completo, balanceado entre su parte material, física y espiritual. Ahora llévalo al mundo del deporte. Imagina un partido de fut, donde los jugadores se dediquen a jugar por jugar, donde no hay entradas desleales, donde no hay “faltas tácticas”, donde no hay clavados, donde no hay complejos entre los jugadores y no se tiene que “leñar” al jugador hábil. Sé que es difícil imaginarlo, y que puede sonar utópico. Pero hay lugares y maneras de “entrenar” a la conciencia. Yo por lo pronto, encontré un lugar de éstos, y ya me estoy “entrenando”. ¿Y tu? Ojala lo consideres…
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