No andaba muerto, andaba de parranda, pero porque la afición así lo pidió y nosotros no escatimamos en satisfacer a nuestros visitantes, ya está de vuelta por aquí, Enrique "Negro" López Rull, del Almería, lo cual nos da mucho gusto a los que trabajamos en la página y también les dará mucho gusto a todos nuestros lectores. Tenemos el gusto de presentar para ustedes su editorial sobre el ya consumado descenso a primera "A" del Puebla. Al final de esta página se incluye un Foro, en el que todos ustedes podrán dejar su opinión relacionada con los artículos publicados aquí. Esperamos que esto inspire a otros compañeros ajusqueños (Tamayo, de la Cabra, Marcovich, del Sahara, Daniel Sefami, del Andalucía, Hernán Rivera, del Triana, David Rivera, del Andorra, el Chino Albarrán del ¿?, el Doc, Puchet, la Chiva, Lalo García, Lalo Figueroa, etc., etc., etc.) a verter sus opiniones sobre los temas del futbol, áreas colindantes y vicios anexos, y que los pongan a discusión en este espacio que abrimos con la esperanza de darle un mayor impulso a nuestra página. Agradecemos al Negro y esperamos que muchos sigan sus pasos (en esto de escribir, no sus malos pasos por la vida).
Enrique López Rull
¿No creen ustedes en el karma? ¿en frases como “el que a hierro mata, a hierro muere” o “el que la hace la paga”? Este fin de semana se decidió el otro torneo; aquel que seguimos por morbo y que supone una autentico infierno para los involucrados: la lucha por el no descenso, que en esta ocasión se resolvió a favor de los Dorados de Sinaloa y en detrimento del Puebla, un equipo que desde hace algunos años jugaba horas extras en la primera división.
En el fútbol moderno, descender de categoría no solamente implica un golpe al prestigio del club afectado; son tantas cosas las que se mueven alrededor, que la presión es la que finalmente mata al equipo que no la sepa manejar. La salvación se disfruta quizá más que un campeonato, porque además de ser un objetivo alcanzado es también un alivio. En cambio, al club descendido le depara un futuro incierto y todos sus miembros están sujetos a juicio.
En México tenemos un sistema de cocientes mal llamado porcentaje que esta diseñado para castigar la mediocridad prolongada. Entendiendo que cualquiera puede tener una mala temporada, este método toma en cuenta los últimos tres años, es decir seis torneos cortos, para determinar al equipo que jugara en primera “a”. Con tal cantidad de tiempo para hacerlo mal, los fracasos no se dan de un día para otro sino que se merecen. El problema de este sistema, a mi entender, es que los equipos recién ascendidos están en clara desventaja. No me extraña, pues hace algún tiempo los empresarios que dirigen la primera división de fútbol en nuestro país hicieron una votación para abolir el descenso. Francisco Bernat, uno de los directivos más oscuros de nuestro fútbol, fue de los primeros en levantar la mano. Tampoco me extraña, porque ya había mostrado esta tendencia cuando el Puebla descendió en Monterrey y con uno de sus domingos le alcanzo para comprarle a su cuate Valente Aguirre, la franquicia del Unión de Curtidores y llevársela a Puebla, como si nada hubiera pasado. Es increíble que la federación permitiera semejante aberración, porque aquello fue un atentado no solo al reglamento sino a la afición de Curtidores y por supuesto a un equipo que se ganó el ascenso en la cancha y no tuvo la oportunidad de jugar en primera.
Por otro lado, aquel nuevo Puebla siempre resulto sospechoso. ¿Cómo podía la afición apoyar a un equipo impostor? A los problemas de descenso, se sumaron los escándalos en los que se ha visto envuelto Francisco Bernat. Desde aquella firma de contratos a punta de pistola hasta la inolvidable golpiza que sus guaruras le propinaron al cuerpo arbitral en aquel partido contra Pumas, la dudosa solvencia moral de Bernat, así como sus pésimos manejos en lo deportivo terminaron por enterrar a un Puebla fantasmagórico. De aquel equipo campeón solo queda el recuerdo, y a menos que Bernat haga de las suyas, el Puebla ahora si jugara el próximo torneo en la división de ascenso.
Es una pena por la afición poblana, pero ojala que este revés le sirva a este señor para darse cuenta de una vez por todas que no tiene nada que hacer en el fútbol. No cabe duda que el tiempo termina por poner a cada quien en su justo lugar, y si no, pregúntenle a Carlos Bracamontes, que no solo salvo a los Dorados esta temporada, sino que era precisamente el quien ascendió con aquel equipo de Curtidores. Pero ni los Dorados ni Bracamontes tienen la culpa de los pecados del Puebla, que ahora deberán purgarlos en el infierno.