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Elecciones y el Mundial
Por Miguel Limón.
BIEN COMÚN; AÑO XII, No. 138, Junio
2006
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A lo largo de la historia
del hombre y de sus civilizaciones, pan y circo han sido temas de gran
relevancia para los dirigentes políticos y sociales en diversos lugares
del planeta. Basta con pensar en los Césares romanos, en las Olimpiadas
griegas o en el juego de pelota Azteca, para darnos una idea del peso
que el “circo” ha tenido en nuestras sociedades.
Hoy, si bien es cierto que
las cantidades de “opio para masas” disponibles para las sociedades son
muchas y muy variadas, la Copa del Mundo de fútbol brinda especial
entretenimiento a muchos pueblos. De hecho, se estima que los partidos
del Mundial de fútbol Alemania 2006 serán vistos por casi 80% de los
habitantes del planeta vía televisión.
Para los mexicanos que son
futboleros de corazón, el 2006 representa, simple y sencillamente, ser
año de mundial. Para los que son políticos (o grillos) de corazón, el
2006 representa la posibilidad de agarrar un hueso, de colocarse, de
alcanzar el poder a como dé lugar (no importa si se logra con mentiras,
o que para alcanzarlo se tenga que cambiar de partido político como de
calcetines, o prometer lo que sea y ser un neo populista,
o mediante colmar el proceso de golpes bajos y triquiñuelas). Pero, y
esta es la razón que le da vida a este ensayo, las elecciones se
llevarán a cabo el 2 de julio, y la Copa del Mundo dura un mes e inicia
el 9 de junio, por lo que ambos eventos tendrán lugar conjuntamente en
el tiempo, y aunque las elecciones no vayan a tener consecuencia alguna
en los resultados que obtenga la selección nacional de fútbol, es
probable que a la inversa sí puedan haber efectos.
En las democracias, y la
nuestra no es la excepción, los contendientes en cualquier elección
política dependen no únicamente de sus maniobras políticas, sino también
de factores externos. En este sentido, y a pesar de (lo malo de) sus
campañas, los tres candidatos presidenciales con posibilidades de ganar
(no debemos descartar al priista y sus colegas, que aunque estén muy
rezagados en las preferencias electorales captadas por las encuestas hoy
en día, son conocedores de artimañas tales que en un descuido pueden
descontar a cualquiera de sus adversarios) dependerán de factores ajenos
a ellos el 2 de julio próximo en la elección. Uno de los factores más
relevantes será el estado de ánimo que tenga una gran parte del
electorado, el cual se verá afectado en gran medida por cómo le esté
yendo o cómo le haya ido en la feria últimamente.
Para avalar lo anterior, se
debe conocer qué porcentaje de posibles votantes está todavía indeciso y
no tiene certeza de por quién votar. Existe un voto duro,
fundamentalista, que implica que aunque llueva, truene, relampagueé,
gane la selección, Galilea Montijo pierda sus curvas o Madrazo sea su
candidato, irán a votar por el partido con el que comulgan. Pero según
datos de Consulta Mitofsky (abril 2006) el porcentaje del electorado que
no sabe por quién votará es bastante considerable (8%), mientras que
otro tanto mayor tiene idea de por quién lo hará pero puede cambiar
(13%). Sin embargo el dato más impactante y doloroso para el país es el
que refleja el posible abstencionismo: 40%.
Todo este sector de la
población que está indecisa y que no sabe a quién entregarle su voto
(sin incluir aquéllos que piensan en abstenerse) pueden cambiar el
sentido de la elección a favor de cualquiera de los tres candidatos.
Gran parte de ellos estará más pendiente de lo que le suceda a Borgetti
y Márquez, y seguramente para el 9 de junio estarán hartos de las
campañas electorales, ávidos de comer, soñar y vivir fútbol todos los
días a todas horas (no se debe omitir el hecho de que el mundial pasado
no sólo dejó un mal sabor de boca entre los aficionados por la derrota
de los nuestros a manos, o mejor dicho, a pies de nuestros vecinos del
norte, sino que supuso una cantidad de desvelos y deshoras de ver fútbol
para este continente del planeta, que sólo los veladores nocturnos
pudieron disfrutar de la cantidad de ligerísimos errores arbitrales que
se dieron a lo largo del torneo, y que le permitieron a la súper
potencia futbolística Corea llegar hasta semifinales). Así, es muy
probable que el estado de ánimo de un gran número de votantes esté
determinado en cierto grado por lo que Franco y Pardo puedan hacer sobre
una cancha de pasto que por lo que López Obrador, Madrazo o Calderón
puedan estar prometiendo que van a otorgar en caso de llegar a la
presidencia.
De esta forma, el segundo
debate el próximo 6 de junio podrá ser considerado por los candidatos
como la última gran oportunidad de convencer al electorado indeciso.
Claro nunca se sabe, y menos en el país de las osamentas sembradas que
son descubiertas gracias a videntes con poderes supernaturales, pero
pidámosle a Dios todopoderoso que no quiera que haya ningún evento en
México que llame la atención a tal grado que le quite gran parte del
interés al mundial, ya que tendría que ser algo catastrófico.
Una vez argumentado el hecho
de que el circo es uno de los determinantes del estado de ánimo de los
individuos y sabiendo que hay muchos que se encuentran indecisos, nos
interesa entonces conocer cuáles son las verdaderas posibilidades de la
selección mexicana en el próximo mundial de fútbol. Antes de continuar,
no se deben olvidar un par de cosas: en el fútbol, como en la vida, no
hay nada seguro, y como todo en esta vida puede pasar, igualmente en el
deporte de las patadas un equipo cualquiera es capaz de ganar o de
perder con el que sea.
La selección mexicana está
clasificada en el cuarto lugar del ranking mundial de la Federación
Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), lo que le permitió, aunado a
sus buenas actuaciones en las primeras rondas de las últimas tres copas
del mundo, ser cabeza de grupo para el próximo torneo. Por estas razones
podrían augurarse buenos resultados para los nuestros, pero no se debe
omitir el hecho de que la clasificación de FIFA no es un fiel reflejo de
la realidad, y que el tan afamado cuarto puesto que el tricolor ocupa en
ella se debe, en gran medida, a que la Confederación regional a la que
México pertenece es la más floja del planeta y juega sus partidos
eliminatorio de Copa del Mundo contra selecciones de países caribeños y
centroamericanos, y al ganar cotejos relativamente fáciles contabiliza
puntos para el ranking. Esa misma razón le ha permitido al tricolor
participar en doce torneos mundialistas hasta el momento, y poder ocupar
la treceava posición en la historia de éstos, por encima de equipos que
han sido finalistas o semifinalistas del certamen, como son los checos,
los polacos y los húngaros. En fin, que en las casas de apuestas pagan
40 a uno si México sale campeón, lo que lo coloca por debajo de otras
nueve selecciones participantes, donde Brasil e Inglaterra son los dos
mejores primeros, para los cuales pagan once a cuatro y seis a uno,
respectivamente.
Pero en términos de este
ensayo, sólo interesa conocer dónde puede estar parado el seleccionado
nacional el 2 de julio, si alcanzó semifinales o no, y para tener una
mejor idea de ello se analizan a continuación los posibles escenarios.
El primer partido de la
selección nacional es el 11 de junio frente a la selección de Irán. Si
los árabes y los dioses del fútbol no disponen de lo contrario, México
debe alzarse con un triunfo, a pesar de que varios seleccionados iraníes
se desempeñan profesionalmente en equipos que militan en las primeras
divisiones del fútbol alemán, inglés e italiano y que su jugador
estrella, Ali Karimi, fue el mejor jugador asiático del 2005. FIFA lo
ubica en el lugar 23 y las apuestas para que gane el mundial pagan 250 a
uno.
El segundo partido es contra
Angola, en viernes a la hora de la comida del centro del país. Para
hacer un pronóstico adecuado de este partido es necesario poner en la
mesa el hecho de que los equipos africanos se le atragantan a
nuestra selección nacional, y para prueba de ello basta y sobra un
botón: la primera vez que un equipo africano consiguió una victoria en
un mundial fue en 1978, con la derrota que le propinó el equipo tunecino
a nuestros entonces ratones verdes. Además, el equipo está integrado por
varios jugadores que hace cinco años fueron campeones sub-20 de África,
bajo la misma dirección técnica que los lleva hoy a la Copa del Mundo. A
pesar de que hay más probabilidades de que la selección mexicana obtenga
los tres puntos, las posibilidades de salir sin una victoria, inclusive
con una derrota, están latentes. Claro que perder con el representativo
nacional de un país que tiene una tercera parte de su población adulta
analfabeta y su expectativa de vida es de 41 años, no sería nada
halagador. Rankeada en la posición 57 de FIFA (sólo Togo participa en el
Mundial y tiene un lugar inferior, 61), las apuestas le dan a Angola 500
a uno.
El miércoles 21 tendrá lugar
el tercer compromiso en la justa que tiene la selección. Este debe ser
el juego más difícil que enfrenten los pupilos de La Volpe en la primera
ronda, ya que tendrán como rival a la dura escuadra lusitana, la cual
cuenta con estrellas que militan en algunos de los principales clubes
europeos. A pesar de que sólo han asistido a tres mundiales, incluido el
anterior en donde quedaron eliminados en la primera ronda, su buen
fútbol los llevó a la final de la copa europea de naciones y al Oporto a
ganar la copa europea de clubes en el 2004, por lo que más le vale al
equipo mexicano llegar a este partido con la calificación a la siguiente
ronda asegurada, es decir, con por lo menos una victoria y un empate de
los dos previos partidos. La FIFA pone a Portugal en el lugar número
siete de su clasificación (tres por debajo de México), y las apuestas
pagan 20 a uno si gana el torneo (dan la mitad que de lo que pagan a
México, es decir, le dan a los europeos mayores probabilidades de salir
campeón).
En caso de clasificar para la
siguiente ronda como uno de los dos mejores equipos del grupo, la
selección mexicana tendría que enfrentar a Holanda o Argentina (si no
queda alguno de ellos eliminado por Costa de Marfil). Las fechas
establecidas para cualquiera de estos dos partidos son sábado 24 ó
domingo 25 de junio (una semana antes de las elecciones). Un triunfo
contra cualquiera de estas dos selecciones sería un campanazo, ya que
mientras Argentina está catalogada por FIFA como la octava mejor
selección del mundo, las apuestas le dan siete a uno que gana el
mundial, en tanto que Holanda se ubica en la posición número tres, y las
apuestas dan diez a uno para que gane el torneo. Así las cosas, aunque
en el fútbol no haya nada escrito, las posibilidades de avanzar a
cuartos para los verdes se ven sumamente muy reducidas.
De todas formas, si se avanza
a cuartos de final, los equipos a los que con mayores probabilidades
podrían tener como rivales nuestros seleccionados son Alemania, Suecia o
Inglaterra. Tres europeos de primer nivel, con apuestas pagaderas a
ganar el mundial más conservadoras que para México (siete a uno, 33 a
uno y seis a uno, respectivamente). En caso de que México jugara cuartos
de final, el partido tendría efecto el 30 de junio o 1 de julio, justo
uno o dos días antes de que el electorado tenga que acudir a las urnas.
El avanzar a la siguiente fase se ve como una misión imposible.
Una vez visto contra quién
jugará México y cómo andan sus posibilidades de triunfo, pasemos a
analizar los posibles escenarios políticos: ¿qué puede pasar en caso de
que la selección se atasque en la primera ronda, se quede en octavos de
final, avance hasta cuartos o haga realmente historia?
Antes de comenzar esta parte,
otro punto a tener en cuenta para el análisis es el rol que han jugado
los medios y las expectativas que en la población han generado en torno
a la selección y su potencial en la Copa del Mundo, y al llevarlas a ser
éstas tan altas la decepción, en caso de una eliminación temprana del
torneo, simplemente será mayor, lo que podrá exacerbar cualquier efecto
de inconformidad.
De la primera ronda, que para
nosotros termina el 21 de junio, lo que se debería considerar es si
México pasa como primero o como segundo lugar a octavos de final. En
cuanto al efecto que esto pueda tener (el pase a la segunda ronda) en el
electorado mexicano, podemos suponer que el resultado sólo enarbolará
los estados de ánimo, los fundamentalistas clamarán que la victoria es
suya (sean de uniforme azul, tricolor o amarillo), y los indecisos
pensarán que ésta era de esperarse, que no hay nada nuevo, y que siguen
indecisos. Es muy probable que las cosas se mantengan como después del
debate. Por el otro lado, en caso de no clasificar el descontento
nacional será de una magnitud actualmente incalculable, y es muy
probable que se genere o bien un abstencionismo mayor del que ya se
habló, o bien un voto de castigo al sistema, de inconformidad, de ganas
cambio, lo cual beneficiaría al candidato de la coalición “Por el bien
de todos”, Andrés Manuel López Obrador.
El resultado del siguiente
compromiso (octavos de final) quizás sea el que menor peso pudiera tener
en la decisión del votante, es decir, gane o pierda México con Argentina
u Holanda la gente no cambiará mucho sus preferencias, ya que se sabe de
antemano que cualquiera de esas dos selecciones es mejor que la nuestra
(por lo que una derrota sería de esperarse y su efecto, en beneficio de
AMLO, quizás no sería tan grande), y aunque un triunfo puede motivar a
los individuos a tener un alto nivel de aceptación del status quo, el
que el ánimo se mantenga o no hasta el 2 de julio dependerá del
siguiente partido.
Esto nos lleva a cuartos de
final, partido que seguramente tendrá un efecto en el electorado, ya que
se llevará a cabo uno o dos días antes de la elección. Si la selección
tricolor pierde, puede darse un mayor abstencionismo y un voto en contra
del sistema, ya que el electorado tendrá en mente la imagen de la
derrota, el malestar de las cosas, las ganas de cambiar.
Si México avanza hasta
semifinales los individuos estarán alterados y eufóricos: “Viva la
Patria” gritarán unos, “Viva México cabrones” gritarán los otros, y es
posible que esta algarabía alcance para que ese 40% de abstencionismo se
vea reducido (si es que no se ha ido de fiesta y no se encuentra en
condiciones que saber que es día de elecciones). Pero, ¿a favor de quién
podría jugar ese optimismo? Cuando las personas están contentas y
felices están también en mayor armonía con el status quo, inclusive lo
que suene a cambio puede despertar miedos e inseguridades, por lo que si
México llega a ese sexto partido de la Copa del Mundo, la balanza
electoral puede sesgarse fuertemente por el candidato del sistema en
turno, es decir, aquéllos indecisos y abstencionistas pueden inclinarse
en este caso por el panista Felipe Calderón.
Podemos concluir que mientras
más avance la selección en el torneo las posibilidades de que el partido
gobernante continúe en su posición son mayores, mientras que una
eliminación tempranera o en cuartos de final puede darle a AMLO el
beneficio de la inconformidad de los individuos, y por ende más votos a
su favor.
Pero sea quien sea el ganador
de las elecciones electorales el próximo 2 de julio, lo único que es
seguro es que tendrá un fututo tan incierto y complicado como el que hoy
en día tiene la selección nacional de fútbol con respecto al próximo
campeonato mundial.