Talento.
por Sergio Viso
Esta semana salió un reportaje en el Record de Guillermo Ochoa ("Paco Memo"), el juvenil portero del América. Una frase llamó mi atención: "...gracias a un talento casi divino que gusta y paga...". Dejando a un lado la mamilés del estilo del que escribió dicho reportaje, me quedé pensando en lo que representa el talento.
La pregunta es y ha sido siempre la misma: ¿el gran futbolista nace o se hace? Como todo en la vida, no se puede generalizar, pero creo que definitivamente el gran futbolista viene a esta vida con algo más, aunque en el transcurso de la misma, ese algo se pierde, se mantiene o a se acrecienta.
Es decir, a mi modo de ver las cosas, el futbolista nace, pero el GRAN futbolista se hace a base de agallas, mentalidad y educación, entre otras cosas. ¿Cuántas veces hemos visto gran talento irse al caño? Por ejemplo, en el caso de Cuauhtemoc Blanco, ¿hasta donde hubiera llegado si hubiera tenido un poco más de mentalidad?
De igual manera, podemos ver el otro lado de la moneda, es decir, aquellos futbolistas que les sobra todo, menos talento. Por ejemplo, a mi no me cabe la menor duda de que en caso de haber tenido un poco más de talento, Joaquín Beltrán hubiera triunfado en cualquier liga del mundo. Ya toqué su caso en otro artículo, y es un cuate que tiene todo, excepto el talento innato que a otros les sobra, pero que en muchas ocasiones lo desperdician.
Siempre hay una excepción para la regla. Hay personajes tan talentosos, que inclusive siendo indisciplinados, desmadrosos, soberbios y/o flojos, aun así sobresalen. El caso más notable que yo conozco, es Romario. Tiene cuarenta y tantos años y acaba de ser otra vez campeón de goleo en Brasil. Es conocido su amor por el antro y el chupe, que se echa cáscaras en la playa a riesgo de lesionarse, que se desvelaba inclusive una noche antes de partidos en el Mundial del 94, y sin embargo, siempre le alcanzó (y le alcanza!!) para meter goles.
En cambio, el mejor jugador mexicano de todos los tiempos, Hugo Sánchez, es un tipo que definitivamente nació talentoso, pero también es conocido que se quedaba después de los entrenamientos a que le tiraran centros para perfeccionar sus remates. Es decir, a él no le bastaba con lo que traía de fábrica, si no que ese "don" lo pulió y lo llevó a los niveles que le conocimos.
En fin, concluyo con una súplica a aquellos chamacos que van entrando a nuestra liga ajusqueña, de veintitantos años, y que tienen ese talento innato, que no lo desaprovechen, y que al revés, lo pulan y lo disfruten.
Llámenme purista o conservador, pero muchos de los veteranos entusiastas de esta liga hubiéramos querido tener la mitad de talento que se ve en alguno de ustedes, y de pronto, vemos como algunos lo tiran al caño, ya sea porque están deprimidos, desubicados, tizos, guarumos, o pasados de peso. Mi consejo: disfruten la cáscara en sus cinco sentidos y a plenitud de facultades física!